Érase una vez que se era un putón desorejado de enormes tetas que iba pegando saltitos por el bosque donde se encontró con una vieja espantosa vendiendo consoladores mágicos. La muy guarra no pudo resistirse a tocarlos por lo que después de desmayarse tuvo que despertarla el príncipe a pollazo limpio.

La Tetona Durmiente